domingo, 13 de noviembre de 2011

TEMA V . IMPERIALISMO Y COLONIALISMO.

1.  La segunda revolución industrial.
A partir de 1870 se inicia la segunda revolución industrial, que se basa en nuevos sectores punta, leading sectors, como la industria química, la metalúrgica, que si bien no desplazan al textil y la siderurgia, originan grandes transformaciones. Se denomina a este periodo la era del gran  capitalismo, ya que se producen grandes concentraciones empresariales (cártel, truts, holding) y  grandes  bancos que controlan pocas familias: Krupp, Thyssen, Morgan, Rockefeller, Ford, etc.
Junto a Inglaterra aparecen nuevas potencias industriales, como Alemania, EEUU y Japón, y se inicia la industrialización de Rusia. Se produce un gran desarrollo científico y de las comunicaciones:  telégrafo, teléfono, la radio, el tranvía y el metro en las ciudades gracias a la electrificación, y como  hemos visto, la clase obrera, empieza a poder acceder a los nuevos productos de consumo, más baratos, ya que se producen en cadena.
El optimismo de la época se ve empañado por la crisis de 1873-1896.
1.1. La modernización de la agricultura: Durante el siglo XIX desparecen en los países  más   avanzados  las  “hambres”  tradicionalmente  periódicas,  pese  al extraordinario crecimiento  de  la población, pese al rápido crecimiento de la población. Ello se debe a la utilización  de  fertilizantes como el guano, los nitratos de Chile y a la mecanización del campo.
El equipamiento del campo con las nuevas máquinas fabricadas por la industria y movidas por  las nuevas fuentes de energía (vapor hasta finales del XIX, después gasolina, gasoil y electricidad) es necesario en los países donde la mano de obra es cara o escasa como en  EEUU, donde para trabajar las extensas llanuras era muy precisa: la segadora mecánica de Mac Cormick se patentó en 1846. A  esta  invención  siguió  la  de  la  gavilladota y la  de  la  cosechadora combinada.
1.2. Los medios de transporte: Hasta 1850 sólo Gran bretaña y Bélgica tienen una importante red de ferrocarril. A partir de esta fecha, el ferrocarril desplaza los demás medios de transporte  terrestres y se convirtió en un sector económico punta, que llevó a cabo una auténtica revolución en el transporte y el comercio, creó un infraestructura económica básica para cualquier actividad y, sobre todo, posibilitó  un  extraordinario desarrollo de  múltiples  y  gigantescas industrias metalúrgicas   y   mecánicas   encargadas   de   la   elaboración,   colocación   y mantenimiento de material férreo, estaciones y parque móvil. Para todo ello eran necesarias empresas con enormes capitales.
A las consecuencias económicas hay que añadir el papel político y militar desempeñado  por  este  medio  de  transporte  en  las  unificaciones  italiana  y alemana, así como en la expansión hacia el oeste de los EEUU y de Rusia hacia el este.
En  los  transportes  marítimos,  a  partir  de  1860,  se  va  imponiendo  la navegación a  vapor, por su velocidad y seguridad. En este sector también se produjeron grandes concentraciones de empresas para hacer frente al excesivo coste  de  los  nuevos  barcos.   Para   este  transporte  fue  muy  importante  la construcción de los canales de Suez y Panamá.
Las carreteras, abandonadas por el auge del ferrocarril, cobran nueva vida en el siglo XX  con el automóvil, que dará lugar a una nueva revolución en los transportes  y  en  el  mercado.  La  industria  de  finales  del  siglo  pasado  se encontraba en condiciones de aplicar con éxito el motor de explosión. Las aportaciones de  Daimler, Margus y Benz, inventores del nuevo motor hacia
1885 en Alemania, o de Dunlop, inventor del neumático, hicieron posible que en 1889 los hermanos Renault fundaran su empresa en Francia y que Peugeot vendiera 29 coches en 1892. Como el automóvil, la aviación, en este periodo (1870-1914) se hallaba en fase experimental.
1.3. las transformaciones de las empresas: Además de desarrollarse las empresas existentes, se  impulsan nuevas industrias relacionadas con nuevos inventos y nuevas formas de energía  (electricidad y petróleo). Todo ello requiere fuertes inversiones de capital que sólo grandes  concentraciones de empresas pueden lograr. La concentración se puede explicar por tres causas:
1.  La  complejidad  de  las  técnicas  aumentaba  el  costo  de  las  máquinas utilizadas.
2.  La obtención de la máxima rentabilidad.
3.  La mayor resistencia a las crisis.
En una primera fase se produce la denominada integración horizontal, acuerdo o fusión de empresas del mismo sector económico; luego aparecen ejemplos de integración vertical, en la que una misma empresa crea sus filiales para controlar todas las fases de una actividad. La potencia de los truts llegó a ser mayor que la de algunos gobiernos, y la legislación de las potencias industriales, especialmente la de EEUU, se orientó a su prohibición.
Las dimensiones universales que adquiere la producción industrial, provocan que  a  las  antiguas  ferias,  como  lugares  de  intercambio,  las  sustituyan  las exposiciones   universales   y  la   actividad   de   las   ciudades   que   gobiernan mundialmente un producto: los precios y producción de algodón se regulan en Liverpool, la seda en Milán, los cereales en Amberes y  Chicago, Londres y Nueva York son los centros neurálgicos de toda clase de inversiones. Un gran trust que tuviese su casa matriz  en Londres, Nueva York, parís o Berlín, estaba en  condiciones  de  decidir  acontecimientos  en  otros  continentes  y  burlar  la legislación de los países afectados; había nacido una nueva forma de poder casi desconocida para el hombre de la calle, preocupante para políticos y juristas.
2.  La expansión colonial:
2.1. El imperialismo. Concepto y cronología:  Por  imperialismo  entendemos  la
expansión territorial y la dominación ejercida por medios económicos, políticos y militares (ala  vez) por las naciones capitalistas industrializadas, sobre otros estados o pueblos que pierden su soberanía.
A veces encontramos confusión entre           los términos “imperialismo”  y “colonialismo”.  Para  algunos  autores  son  sinónimos.  Por  el  contrario,  los historiadores   marxistas  han  visto  en  el  colonialismo  un  instrumento  del imperialismo.   Hoy,   los   historiadores,   hablan     de  “imperios   coloniales”, estableciendo matizaciones que diferencian ambos términos:
a)  Colonialismo:  Suele  ponerse  en  relación  con  las  primeras  fases  de  la expansión   europea,   siglos   XVI   al   XVIII,   impulsado   por   una   política mercantilista: se controlan territorios para comerciar con los nativos.
Hay un valor estratégico por dominar rutas o áreas de influencia, pero no está muy definida una postura de conquista continua y sistemática de territorios, en las que se llegue a una situación de reparto literal de un continente entre varias potencias.
Durante  60  años,  a  partir  de  1815,  no  hubo  importantes  rivalidades coloniales: de  acuerdo con los principios del libre comercio, se consideraba innecesario ejercer una influencia política en las áreas con las que se negociaba. En estos años los franceses entran en Argelia, los ingleses reforzaron su imperio indio, las potencias occidentales abrieron Japón…  pero no hubo un conflicto abierto  entre  europeos  y  tampoco  ningún  programa,  doctrina   o  “ismo” sistemático.
Si embargo, a partir de 1880, como fecha orientativa, hay un cambio de actitudes (aunque hay precedentes), típicas de un imperialismo y que definen las diferencias con el término anterior.
b) Imperialismo: esta expansión tiene importantes connotaciones nacionalistas: se busca la  conquista de territorios para llegar a ser una potencia mundial. Aunque la influencia cultural es importante sobre los pueblos sometidos, no se busca tanto la transformación cultural de esas zonas, como el control político y económico. Destacan también los aspectos de expansión militar, potencialidad, estrategia…
Si  bien  estas  características  se  dan  sobre  todo  durante  el  periodo  que estudiamos, se suele citar el caso de la conquista de América por España como precedente, aunque conviene recordar que se llega a ella tras fracasar el intento originario de crear una factoría comercial,  idea que predominaba en aquella época.
3.  Factores impulsores del Imperialismo:
Los diferentes autores que han tratado el tema, ponen un énfasis desigual en los diferentes factores que han influido en el desarrollo del imperialismo. Es difícil decir cuál de  ellos es más importante, aunque sí podemos afirmar que todos han influido en la gestación y expansión del imperialismo contemporáneo.
3.1. Factores demográficos: El enorme crecimiento de la población europea en el siglo XIX  provocó una presión demográfica en el continente que se canalizó mediante la salida migratoria hacia las nuevas colonias. Europa pasa de de 266 millones de habitantes a 452  entre 1850 y 1914. Esto genera un excedente demográfico que busca salida hacia el exterior. Entre 1850 y 1900, 40 millones de  europeos  abandonan  definitivamente  Europa  para  instalarse  en  “Nuevos Mundos”.
Estos  movimientos  migratorios  se  ven  estimulados  por  diversas  causas puntuales. Destacan las crisis económicas de corta duración (1847, 1893, 1901), circunstancias en las que algunos países no disponían de recursos para asegurar la subsistencia de toda la población, y en consecuencia, los estados favorecían las salidas al exterior como válvula de seguridad; las persecuciones políticas o religiosas (católicos de Irlanda del Norte, judíos de Europa  Central, polacos fugitivos de la represión rusa); y, finalmente, el afán de aventura y una vida mejor  estimulado  por  las  compañías  navales  y  agencias  de  emigración, aprovechando  que los transportes marítimos son capaces ahora de viajes más frecuentes y multitudinarios.
El proceso será especialmente intenso a finales del XIX y principios del XX. Entre 1900 y 1913, más de 1 millón de personas emigran cada año, sobre todo a los EEUU, Canadá, América del Sur, Australia y, en menor medida, a Asia y África.
3.2. Factores económicos:
a)  La necesidad de materias primas y mercados: En las últimas décadas del XIX, se produce   un   formidable   impulso  a  la   industrialización.  El   desarrollo  es especialmente importante en el sector químico, petrolero, de los transportes y de los  medios  de  comunicación.  En  estos  años  el  papel  preponderante  en  la economía mundial pasa de Gran Bretaña y Francia a Alemania, y más tarde a EEUU y Japón. De hecho, a principios del siglo XX, los EEUU  se  habían convertido en la primera potencia económica del mundo.
Para mantener esta expansión, las principales potencias industriales del mundo necesitaban, por una parte materias primas abundantes y baratas para producir de forma competitiva, y por  otra parte, mercados donde vender los abundantes productos que generaban y que superaban con mucho la capacidad de absorción de  los  tradicionales  mercados  europeos.  Abrir  nuevos  mercados  en  Europa resultaba muy difícil, a causa de la vuelta al proteccionismo después de la crisis de 1873 (con la excepción de Gran Bretaña). Ante estas circunstancias, todos los países  industriales se lanzan a la conquista de nuevos territorios donde poder canjear estos productos: en 1910, el comercio europeo suponía el valor del 58% de las exportaciones y el 65% de las importaciones.
Este aumento del volumen de los intercambios, fue posible por el desarrollo de los barcos de vapor (4/5 partes eran de Europa), la red de ferrocarriles y la red de cables submarinos, tres  factores que aseguran una regularidad y una rapidez crecientes en la actividad comercial.
b)  La exportación de capitales: es en esta vertiente financiera en la que insistieron autores como Lenin (“El imperialismo, estadio superior del capitalismo”). Según este autor, el imperialismo  nace del hecho de que el capitalismo necesitaba nuevas  áreas  donde  poder  invertir  para  mitigar  la  sobreproducción  en  las metrópolis: la exportación de capitales a las colonias, donde se pagaban salarios más  bajos,  será  una  manera  de  aminorar  las  crisis,  porque  así  se  podían disminuir los precios, conquistar nuevos mercados y mantener el margen de beneficios.
El capitalismo de esta época se caracterizaba por un proceso de concentración de  la  producción  y  del  capital  en  anos  de  monopolios,  con  una  tendencia progresiva a la  liquidación de la libre competencia. Esto generó un enorme excedente de capitales que era  preciso invertir. Ahora bien, la rentabilidad en Europa era baja (por la competencia y la sobreproducción), y por ello se produce un flujo constante de inversiones hacia países menos  desarrollados, buscando mayor rentabilidad.
Esto fue posible porque en 1850 se implantó el primer sistema monetario internacional, del que forman parte todas las naciones industrializadas: se adopta el patrón oro. Las inversiones de capital en las colonias adopta formas diversas: corto o largo plazo, préstamos a gobiernos locales o inversiones privadas de todo tipo. Estas inversiones supusieron, al mismo tiempo, grandes beneficios para las metrópolis, en la medida en que estos capitales serán repatriados y reinvertidos en su economía. Las inversiones europeas en el extranjero llegan a un máximo histórico en 1913, con 44.000 millones de dólares.
3.3. Factores políticos:
El año 1870 significó un giro radical  en la historia de los equilibrios europeos y mundiales.  Tras  la guerra franco-prusiana, Alemania ocupó el lugar de primera potencia en el continente europeo. La paz después de 1871 se verá profundamente turbada por una rivalidad irreconciliable  entre Francia y Alemania. Los primeros quedan  dolidos  por  la  pérdida  de  Alsacia  y  Lorena;  los  segundos,  quedan desconfiados de  una potencial ofensiva bélica francesa. Este hecho provocó un incremento  vertiginoso  de  los   gastos  militares  en  Europa:  esta  carrera  de armamentos es una de las causa de la Primera Guerra Mundial.
Esta situación de rivalidades militares y desconfianzas mutuas enmarcadas en las competencias económicas, provocaron en estas potencias el deseo de tener el lugar más preeminente posible en el equilibrio de fuerzas. Como en Europa la expansión territorial ya no era posible, este afán de ocupar y dominar cuantos más territorios mejor, con  tal  de  tener  mayor peso político (con el  prestigio que suponía), se traslada a otros continentes. Este hecho llevó incluso a una carrera  por ocupar territorios (sobre todo en África), no tanto por la necesidad que se tiene de ellos, como para que no sean ocupados por otra potencia.
Por otra parte, se ha de tener en cuenta la importancia estratégica de algunos puntos que  constituían bases navales para proteger las rutas comerciales y tener depósitos de carbón para los barcos. Para entender este punto, sólo hay que tener en cuenta la importancia de controlar el canal de Suez.
3.4. Factores ideológicos y culturales:
La industrialización y el progreso coinciden con un aumento de la curiosidad geográfica y el afán por explorar territorios desconocidos. Estas expediciones, sobre todo en África, eran seguidas con pasión por el público europeo; estaban financiadas por instituciones diversas, como las  sociedades Geográficas que proliferan, o las Sociedades Misioneras, e incluso, por los mismos  gobiernos. Todo colaboró en difundir  y  fomentar  la  idea  de  que  las  potencias  europeas  tenían  una  “misión civilizadora”. El escritor inglés Rudyard Kipling hablaba del “fardo del hombre blanco”, refiriéndose a la penosa y costosa tarea de los europeos a través de la colonización, para transmitir a otros continentes los avances médicos, la educación y la mejora del nivel de vida que habían alcanzado.
4. Las consecuencias del imperialismo para los pueblos colonizados.
Los elementos que señalaremos a continuación no se dan de la misma forma, ni en el mismo grado, en todas las colonias. Pero en todos los territorios los efectos suelen ser  contradictorios debido a la dualidad de economías, sociedades, instituciones, culturas, etc. coexistentes en todos ellos.
La  primera  consecuencia  es  que  se  crea  una  nueva  geografía  al  cambiar  la estructura de  las  costas con la construcción de puertos, y la del interior, con la aparición de nuevas ciudades,  nuevas vías de  comunicación, nuevas estructuras agrícolas, apertura y explotación de minas y  canteras, etc. Todo y la llegada de productos industriales, ponen las bases de una nueva  economía de mercado que utiliza  para  los  intercambios  el  papel  moneda.  Junto  a  este   sistema,  sigue funcionando otro de economía de subsistencia. La producción y el consumo suelen aumentar, aunque la renta de los campesinos tradicionales no crece.
El comercio con las metrópolis es desigual, ya que al no existir industrias en las colonias (en  muchos casos están prohibidas), se exportan materias primas y se importan productos manufacturados, por lo que siempre provoca déficit. En algunos casos tiene lugar un auténtico saqueo de la colonia.
A  nivel  demográfico  también  se  dan  contradicciones.  Mientras  la  medicina europea crea  hospitales y vence las epidemias tradicionales, el contacto con los blancos y la mejora de las  comunicaciones, facilita el contagio de enfermedades poco habituales es esas latitudes; por ello aumenta al principio la mortalidad de los indígenas y se produce un estancamiento, e incluso un retroceso, de la población. Aunque pronto disminuye la mortalidad, al tiempo que se mantiene la natalidad, lo que provocará problemas demográficos.
Este mismo dualismo puede verse en el terreno social. Surge con pujanza la vida urbana,  aparecen nuevas ciudades que crecen extraordinariamente y en las que se rompen la estructuras tribales, al aparecer nuevas clases sociales desconocidas hasta entonces en las colonias:
-           Una   burguesía   compuesta   por   negociantes   e   intermediarios,  junto   a propietarios y funcionarios. Son en su mayoría blancos emigrados de otros países.
-           Un       proletariado    indígena,         formado          por       quienes            construyen      las infraestructuras   y  los   obreros   de   las   primeras   industrias  (textiles   y alimenticias). Junto a ellos hay un gran número de empleados domésticos y de subempleados.
En  esta  sociedad  urbana  aparece  una  segregación  racial  y  social,  con  barrios claramente diferenciados.
En el campo, junto a las nuevas plantaciones de organización y estructura capitalista, sigue existiendo toda una serie de tierras cultivadas por un sistema de subsistencia.
Culturalmente, la  consecuencia más  destacable, es  el  cambio  mental,  fruto  de  la evangelización y la enseñanza. Los misioneros llevan a cabo una profunda influencia en todos los campos de la vida: higiene, religión, cultivos, enseñanza, etc. aparte, y algo después, se  produce  la  enseñanza oficial,  que  es  reducida, matizada  y orientada a conseguir mayores posibilidades de explotación de la mano de obra indígena. A pesar de ello, sirve para difundir los conocimientos científicos y técnicos de Europa. Todo lo anterior provoca un grave retroceso de la cultura indígena.
Por último, hay que reseñar un lento proceso de difusión de ideas políticas y la aparición de un anticolonialismo producto de los abusos en la explotación y la miseria de los indígenas. Este fenómeno varía mucho en intensidad y duración según los países. Se  hace  patente  en  revueltas  de  muy  distinto  signo,  y  aunque  los  movimientos nacionales organizados, que a mediados del siglo XX, logran la independencia son muy posteriores, hay que pensar que tienen su origen aquí.
5. Las interpretaciones a favor y en contra del imperialismo.
El fenómeno del imperialismo de fines del XIX y principios del XX, dio lugar a un amplio debate entre políticos, economistas e historiadores.
Los principales críticos del imperialismo fueron los socialistas. Primero el inglés Hobson en 1903 y después Lenin en 1916. Atribuían el imperialismo, primordialmente, a la acumulación del exceso de  capital, y lo condenaban desde los puntos de vista socialistas. Hobson, en especial, argumentaba que si los obreros recibiesen en forma de salarios  una  mayor  parte  de  la  renta  nacional,  si  los  capitalistas  obtenían  menos beneficios, o si se les imponían más impuesto para dedicar el dinero a bienestar social, no habría excedente de capital, y tampoco un verdadero imperialismo. Además, como la clase obrera tendría más poder adquisitivo, no sería necesaria la búsqueda de nuevos mercados.
Aunque este factor es importante, esta explicación no es convincente del todo; tal vez más  fundamental fuese la necesidad de Europa de importaciones: era la necesidad de estas importaciones lo  que hacía económicamente beneficiosas las inversiones en las colonias.
Una  interpretación  que  mezcla  lo  económico  y  lo  político,  pero  favorable  al colonialismo es  la de Joseph Chamberlain. Desechando el viejo individualismo del laissez faire,  pasó a creer que el  imperio británico podía mejorar el bienestar de los ingleses. Como secretario colonial desde 1895n hasta 1903, proclamó la necesidad para Inglaterra de “un gran imperio capaz de sostenerse y protegerse  a sí mismo” en una época de  creciente  competencia internacional. Lo que Camberlain proponía era  un imperio que se mantuviese unido por lazos económicos, haciendo de él una especie de unión aduanera o un “sistema de preferencia imperial”. Su propuesta fue rechazada (iba contra  el  libre  comercio),  pero  tras  la  1ª  Guerra  Mundial,  el  imperio  británico  o Commonwealth de Naciones, siguió las líneas que él había trazado.
Un elemento ideológico que servirá para justificar el imperialismo será el darwinismo: los autores que podríamos clasificar como “social-darwinistas” concebían las relaciones entre los estados como una lucha perpetua por la supervivencia, en la que algunas razas eran consideradas como superiores a otras, debido a un proceso evolutivo en el cual los más fuertes siempre acaban por imponerse. En autores como el  francés Gobineau, el factor más importante en el desarrollo era la raza (“Ensayo sobre la desigualdad de las razas  humanas”).  Para  otros  autores,  los  pueblos  adelantados  debían  llevar  la civilización y la buena administración a los pueblos atrasados, debían sobrellevar, en palabras de Kipling “la carga del hombre blanco”.
Los puntos de vista en contra del imperialismo son también variados. En Alemania, Bismark creía que la empresa no tenía interés para su país; para él, su principal interés era Europa. Los partidos socialistas y la Internacional Obrera, también se manifestaron en contra del imperialismo: el congreso de Sttutgard de 1907 condena el colonialismo basándose en la defensa de los oprimidos, sin distinción de razas, y por el peligro de guerra entre los países colonizadores. Hoy todavía se discute si las clases trabajadoras europeas  mejoraron  con  el  imperialismo:  así  lo  creían  los  conservadores  y  los pensadores de extrema izquierda. El propio Marx, seguido por Lenin, creía que el obrero europeo  obtenía salarios reales más altos gracias a la afluencia de artículos coloniales de precios más bajos.
6. El imperio británico.
6.1. Los antecedentes: el imperio colonial británico en el siglo XVIII: Inglaterra, desde 1714-15, con los tratados de Utrecht, tenía un fuerte control del mar, y se adelanta a las restantes   potencias  en  la  toma  de  posiciones  coloniales,  en  unos  momentos  de decadencia de las grandes potencias coloniales europeas: España y Francia. El interés de Inglaterra era sobre todo comercial, no de conquista de territorios. A pesar de esto, hacia 1760, Inglaterra había adquirido un gran imperio colonial: sostenía un importante y creciente  comercio con sus colonias americanas, zona de doblamiento, que después serán los EEUU; en 1763, por el tratado de París, Francia le había cedido Canadá y la India, que será el núcleo principal de su imperio posterior. Inglaterra poseía Gibraltar y Menorca (1714); en la paz de París, a Inglaterra,  España, cede además la Florida y Francia Senegambia.  El interés ingles en África se centra en el comercio de esclavos, destinados  fundamentalmente  a  las  plantaciones  americanas,  tanto  inglesas   como españolas.
El comercio inglés tenía intereses en todo el mundo, no sólo en sus colonias. Con la América española sostenían un importante comercio, a veces ilícito, pero creciente. Este comercio era cada vez más importante con Europa y la India.
A finales del XVIII, se produce también la penetración inglesa en Australia, donde desde 1787  existía una colonia llamada Nueva Gales del Sur. Al principio fue una colonia penitenciaria, pero a partir de 1793, comienzan a llegar los primeros colonos libres, llamados settlers.
6.2. La formación del imperio británico en el siglo XIX:
a) Los métodos de conquista: En la formación de una colonia pueden distinguirse cuatro fases:  exploración,   conquista,  organización  y  explotación  económica.  La  pareja histórica Livingstone y Stanley en el caso de África son un buen ejemplo del rumbo de los acontecimientos. Mucho antes de la era imperialista, en 1841, el escocés Livingstone llegó al África Suroriental como misionero médico. Fue el  primer hombre blanco en explorar el interior de África, donde se encontraba como en su propia casa  y  donde estableció buenas relaciones con los nativos. Por Europa y América se difundió la noticia de que se había perdido. El Herald de Nueva York, para elaborar noticias, envió al periodista Stanley en su busca en 1871. Livingstone no tardó en morir con grandes honores de los nativos. Stanley era un  hombre de la nueva era; al ver las grandes posibilidades de África, se fue a Europa en busca de auxiliares: en 1882, al volver al Congo, concertó en dos años tratados con 500 jefes nativos, que a cambio de un poco de bisutería o unos metros de tela, ponían sus huellas en misteriosos papeles, y aceptaban una bandera cuyo significado desconocían.
En todas partes se repetía una variante del mismo proceso. Primero, en algún lugar de la selva, aparecía un grupo de hombres blancos con sus tratados. Para conseguir lo que deseaban, los europeos,  en  general, atribuían al jefe de la tribu unos poderes que no poseía según las costumbres nativas: poderes de transmitir la soberanía, de vender las tierras, o de transferir concesiones mineras. Así crearon los europeos el cargo de jefe, pues por sí mismos no tenían influencia sobre el pueblo. Esto  condujo al extendido sistema de la “indirect rule” (gobierno indirecto), mediante la cual, las  autoridades coloniales actuaban a través de los jefes y de las formas tribales existentes. Había muchas cosas que sólo el jefe nativo podía resolver: la seguridad de los europeos aislados o mano de obra para construir carretera, ferrocarriles o una cacería.
A veces, las relaciones no eran del todo pacíficas. El caso de la apertura de China a occidente es un ejemplo que veremos. Incluso cuando es necesaria la conquista militar, ésta no resulta difícil para países  dotados de importantes adelantos militares, frente a pueblos notablemente atrasados, tanto en armamento como en organización.
Junto a las tropas europeas se utilizaron tropas indígenas, que a veces llegaron a sublevarse (es el caso del Motín de los Cipayos en la India). El barco de vapor permitirá llevar tropas con relativa facilidad y celeridad a cualquier punto de la tierra y remontar los grandes ríos a través de los continentes.
b)  La conquista del imperio:
i)          África: Hasta 1870 la acción europea en el continente había sido muy limitada. Se había ceñido a la posesión  de algunos enclaves portuarios que les aseguraban las rutas mercantiles y de navegación: es el caso de las colonias británicas de El cabo, Gambia, Sierra Leona y Lagos.
Al sur, los ingleses habían establecido en 1815 (Congreso de Viena) la colonia  de  El  Cabo,  que  había  sido  fundada  por  colonos  de  origen holandés, los boers. La llegada de colonos británicos impulsa a los boers hacia  el  interior, estableciéndose  sucesivamente en  Natal,  Orange  y Transvaal; en 1843, los británicos se anexionan Natal y los boers crean dos estados independientes: Orange y Transvaal.
A partir de los 80, esta realidad se transforma totalmente. Alemanes y franceses proyectaban imperios que cruzasen África de oeste a este. Estos intentos chocaban con los planes británicos de crear “un África inglesa desde El cabo hasta El Cairo” (C. Rodhes).
En el norte, Egipto era una zona clave. Egipto, técnicamente autónomo dentro del Imperio Turco, había iniciado un proceso de occidentalización, que     había provocado un grave endeudamiento, solucionado temporalmente  por  la  venta  de  acciones  del  canal  a  Inglaterra.  Esto provocó  revueltas nacionalistas que llevaron a Inglaterra a intervenir y tomar al jedive bajo su protección (1882). Los británicos dijeron que su intervención  era  temporal,  pero  se   quedaron  allí  hasta  1956.  Los franceses recelaron de la presencia británica.
Los conflictos coloniales en África, llevaron a Bismark, que personalmente consideraba las colonias africanas un absurdo, a convocar una  conferencia  internacional  en  Berlín  en  1885.  La  Conferencia  de Berlín intentó hacer dos cosas: establecer los territorios de la Asociación del Congo como un estado  internacional, bajo auspicios y restricciones internacionales, y redactar un código internacional que dictase la forma en que debían proceder las potencias europeas  que  deseasen adquirir territorio africano.
El  Estado   Libre   del   Congo   ocupó   el   lugar   de   la   Asociación Internacional  del  Congo,  que  era una  empresa  privada.  Leopoldo  de Bélgica  recibió  el  gobierno  del  nuevo Estado.  Leopoldo actuó  en el Congo según su propia voluntad, hasta que consumido por las deudas, el Estado Libre del Congo se convierta en el Congo Belga (1908).
En la Conferencia de Berlín, también se establecen ciertas reglas de juego: una  potencia europea con posesiones en la costa tenía derechos prioritarios en el interior  del país; la ocupación no debía tener lugar solamente sobre el papel, mediante el trazado de unas líneas en un mapa, sino que debía consistir en una ocupación real,  con administradores y tropas; cada potencia debía informar a las otras acerca de qué territorios consideraba  como  propios.  Inmediatamente  se  produjo  una  tremenda carrera por la “ocupación real”. En 15 años se parceló todo el continente. Las únicas excepciones fueron Etiopía, y técnicamente Liberia, fundada en n1822 como una  colonia para esclavos americanos emancipados y, virtualmente, protectorado de EEUU desde siempre.
Desde El cabo de Buena Esperanza, Cecil Rodhes penetró hacia el interior por Rodhesia. Kenya y Uganda, en la parte media del continente, ya  eran  británicas.  En  Egipto  (protectorado  inglés  desde  1882),  los ingleses empezaban a apoyar las  antiguas pretensiones egipcias al alto Nilo.  En  1885  tiene  lugar  una  primera  aventura  dirigida  por  Chino Gordon,   compuesta de tropas egipcias, que fue un desastre (1885). En 1898, otro oficial británico (general Kitchener) derrotó a los musulmanes en el sur de  Omdurman, siguió corriente arriba y en un lugar llamado Fashoda, se encontró con las tropas francesas del capitán Marchand, que soñaban con crear un cinturón de colonias francesas de Dakar al golfo de Adén.
La consiguiente crisis de Fashoda, puso a Inglaterra y a Francia al borde de la  guerra. Ya enfrentados a causa de Marruecos y Egipto, los dos gobiernos utilizaron el  encuentro de Fashoda para poner las cartas boca arriba. Era una prueba de fuerza, no sólo en sus planes para África, sino en su posición     en todas las cuestiones imperialistas e internacionales. Los ingleses amenazaban con la lucha. Los franceses, preocupados por Alemania en Europa, echaron marcha atrás y ordenaron a Marchand que se retirase de fashoda.
Apenas habían alcanzado los ingleses esa victoria pírrica, cuando se vieron envueltos en otra crisis. En 1890, C. Rodhes, defensor del sueño “El Cabo-El Cairo”, se convierte en primer ministro de la colonia de El Cabo. Transvaal y Orange, estados boers, se encontraban en camino. El descubrimiento de oro  en  y diamantes  en el  Transvaal, precipitó los acontecimientos.  Los  boers  se  negaron  a  aprobar  la  legislación  que necesitaban  las  corporaciones  mineras.  En  1895,  Rodhes,  intentando precipitar la revolución en el Transvaal, envió una partida de hombres armados no militares. La expedición fue un fracaso, pero en Europa se levantó  un   gran  clamor  contra  aquella  intimidación.  El  Emperador alemán,  Guillermo  II,   envió  un  famoso  telegrama  a  Paul  Kruger, presidente del Transvaal, felicitándole por la expulsión de los invasores “sin tener que solicitar la ayuda de potencias amigas”. Tres años después el  Imperio Británico  entraba en  guerra  con las  dos  repúblicas boers. Tardó otros tres años en someterlas. Una vez conquistadas e incorporadas al imperio, se dejaron con sus instituciones de autogobierno, y, en 1910, con la Colonia de El cabo y con Natal, predominantemente inglesas, se incorporaron  a  la  Unión  de  África  del  Sur,  que  recibió  una  semi- independencia según el modelo de dominio de Canadá.
La crisis de Fashoda y la guerra de los boers revelaron a los ingleses su impopularidad  en Europa: todos los gobiernos y pueblos europeos eran pro-boers.  Tras  esta  guerra,  los  ingleses,  empezaron  a  considerar  su posición internacional.
ii)         Asia: la India y su hinterland defensivo.
En 1857, en la India, los ingleses se enfrentaron con una peligrosa rebelión, “el  Motín indio”. El ejército indio, con sus cipayos, eran la única organización a través  de la cual los indios podían ejercer alguna presión colectiva (eran 5/6 del ejército). Los indios estaban descontentos: sus gobernantes habían sido conquistados y destronados, los terratenientes habían  perdido sus propiedades y habían sido sustituidos por otros nuevos, más amigos de los ingleses. Los sentimientos religiosos se hallaban inflamados: habían declarado ilegal la  suttee (quema de la viuda) y habían suprimido los Thugs (asesinos sagrados). Una misteriosa propaganda circulaba por la India y se introducía en el ejército: cartuchos engrasados con grasa de cerdo o vaca. Los cipayos se amotinaron en el valle del  Ganges, y con ellos todos los intereses ofendidos, incluido el Gran Mogol.
Los ingleses controlaron la rebelión, pero el levantamiento les indujo a seguir  una  política  totalmente  nueva.  La  Compañía  Británica  de  las Indias Orientales y el Imperio Mogol fueron suprimidos. Las autoridades británicas gobernaron directamente con la colaboración de las clases altas indias. Los ingleses empezaron a proteger los  intereses creados indios: apoyaron a sus terratenientes y se mostraron más  indulgentes con sus creencias. Así como antes de 1857, cuando habían conquistado un estado indio,  lo  habían  abolido  e  incorporado  a  sus  territorios,  después  del Motín, conservaron como protectorados los restantes estados indios, con sus rajás y  maharajás (llegaron a superar los 200 estados).
La  India  había  sido  un  considerable país  manufacturero,  según  las normas preindustriales. Esta “industria” se hundió ante la competencia de los productos ingleses más baratos. Las exportaciones indias, en la última parte del XIX, eran cada vez más  algodón en rama, té, yute, índigo y trigo. Los ingleses a cambio, expendían sus manufacturas.
Después del Motín, los ingleses también admitieron a los indios en el servicio  público y en los consejos de los gobernadores. Había también muchos hombres de  negocios indios. Se desarrolló una clase de indios occidentalizados que hablaban un inglés perfecto, y que muchas veces se educaban en Inglaterra. Éstos exigían más funciones en los asuntos de su país: en 1885 se organizó el Congreso Nacional Indio, predominantemente hindú, y en 1906, la Liga Musulmana Pan-india.
La  India incluía una serie de  territorios que  formaban parte de un hinterland defensivo, que fue creado por conflictos de intereses con otras potencias: los ingleses sostuvieron dos guerras para mantener Afganistán como tierra de nadie entre el Imperio Ruso y el inglés. Persia fue dividida en “esferas de influencia” entre ingleses y rusos;  y el mismo fin tenían los protectorados de Cachemira y Beluchistán.
Como consecuencia de la apertura de China a occidente tras 1857, los ingleses, que ya habían obtenido Hong Kong en 1842 (tras la guerra del opio), se anexionan Birmania en 1886 como zona de protección para la India.
iii)        Otros territorios coloniales: América, Oceanía…
Además de la India y de los territorios africanos, el Imperio Inglés poseía territorios por todo el mundo.
En América, además del dominio de Canadá de doblamiento blanco, hay  colonias   de  plantación  en  las  Antillas,  Honduras  y  Guayana. También poseen puntos estratégicos como las Malvinas.
En Oceanía. Australia y Nueva Zelanda eran colonias de doblamiento blanco  y  adquirieron la condición de Dominios. Australia, que nació como  colonia  penitenciaria,  atrajo  pronto  a  gentes  de  la  metrópoli, gracias a la aparición de oro, a la posibilidad de crear ranchos de ovejas, etc.
Estos Dominios se completaban con una serie de puntos estratégicos como  Singapur, Borneo, Nueva Guinea, Is. Salomón, Is. Fidji y Nueva Caledonia.
c)  La organización del Imperio.
La administración colonial: El sistema de compañías privilegiadas que tanto éxito había tenido en los  siglos del colonialismo mercantilista, parecía haber llegado a su fin a mediados del XIX, aunque  algunos territorios africanos sean inicialmente explotados por la iniciativa de compañías privadas.
Ahora  bien,  la  presencia  directa  del  Estado  en  la  administración  de  los  imperios coloniales,  se   produce  de  diversas  maneras,  adoptándose  distintos  modelos  de administración colonial, incluso por un mismo estado. Es clásico oponer el sistema británico del “indiret rule”, al francés de la asimilación y de la centralización.
•          Los  dominios:  En  el  caso  británico,  en  las  colonias  con  elevada  población europea, se instauró muy pronto el autogobierno, el “self governement”: Canadá en  1867,  Nueva  Zelanda  en  1854,  El  Cabo  en  1854  y  Australia  en  1890. Tuvieron  un  parlamento  bicameral  y   un   gobierno  no  responsable.  Estos gobiernos tenían restringidas sus prerrogativas exteriores,  y existía en ellas un gobernador  nombrado  por  el  rey  que  actuaba  como  su  representante  en  la colonia.
•          Colonias  de  explotación:  son  colonias  con  escasa  población  europea   y administradas  directamente por la metrópoli: son las llamadas colonias de la Corona, que representan el grado máximo de dependencia. La autoridad estaba en  manos  de  un  gobernador  que  actúa  apoyado  por  funcionarios  ingleses, constituyendo una verdadera élite dirigente de la colonia.
•          Protectorado: Supone el reconocimiento parcial de la singularidad de la colonia, supone una dependencia atenuada. En este tipo de régimen subsiste la ficción de la existencia de un Estado precedente. Se aplicó a aquellas colonias que habían sido con anterioridad naciones  independientes con relaciones internacionales, como  era  el  caso  de  Malasia  en  Asia,  o   Sierra  Leona  en  África.  La administración colonial del protectorado           se superpone a las antiguas instituciones  autóctonas  que  son  reconocidas  y  mantenidas  por  la  potencia colonizadora. El jefe nativo era sostenido y contaba con  garantías contra un levantamiento interior o una conquista extranjera; por lo general, un “comisario” o “residente” europeo le decía lo que tenía que hacer.
•          El caso de la India: Tras la revuelta de los Cipayos en 1857, Gran Bretaña pone fin al régimen de compañía privilegiada que hasta ese momento administraba el territorio,  de  tal  manera  que  en  una  parte  se  respetaban  los  viejos  estados indígenas, que se colocaban bajo un régimen de protectorado, y en otra parte, la india  británica,  se  establece  un  control  directo  de  la   corona  (colonia  de explotación).
d)  La explotación económica: La explotación es la primera preocupación de los colonizadores.  Se  produce  siempre  una  asimilación  aduanera,  los  productos entre la colonia y la  metrópoli  circulan libres de aranceles, mientras tarifas proteccionistas  mantienen  alejados  los  productos  de  otras  naciones. Pero el “pacto colonial” no es una relación entre iguales en un ámbito de preferencias mutuas, la colonia se encuentra en una situación de inferioridad, de proveedora de materias primas (minerales, productos de plantación: caucho, algodón, café) y compradora de productos industriales de la metrópoli. Los dominios constituían una  excepción,  pues  pronto  impusieron  aranceles  a  las  manufacturas  de  la metrópoli para desarrollar las  suyas. En general, a la colonia no se le permite industrializarse y se ve obligada a comprar transformados, los mismos productos que ella ha vendido a bajo precio en bruto. Por ejemplo, la India vende algodón a Inglaterra y compra tejidos de algodón ingleses.
De esta forma, Inglaterra a principios del XX, dispone de un imperio de 33 millones de  km² que incluyen ¼ de la población mundial. En todas partes ha podido construir la infraestructura ferroviaria que permite unir el interior de las colonias, donde se encuentran las minas y las plantaciones, con los puertos por donde salen estos productos hacia la metrópoli.  De esta forma Gran Bretaña recibe a bajos precios algodón de la India y Egipto, yute de la India, té de Ceilán, hevea de Malasia; los dominios le envían excedentes de carne, trigo y lana; las minas de  África  del Sur, Australia y otros países, ponen a su disposición oro, diamantes, estaño, cobre.  Este imperio será la base de la potencia económica inglesa.
e)  La imposición de una cultura foránea: La  acción  imperialista  dejó  huellas imborrables en las comunidades primitivas. Las misiones y la enseñanza jugaron un papel esencial. La obra de las misiones fue destacable en los aspectos sociales y humanitarios: sanidad (introducción de la  vacunación), problemas sociales (alcoholismo, esclavitud) y, sobre todo, la educación. Mediante esta educación se ayudó a formar las primeras elites:” los misioneros iniciaron  voluntaria o inconscientemente el proceso de modernización”. Ello les reportará el odio de los primeros movimientos nacionalistas, ya que ellos eran el símbolo visible de la aculturación.
El tema clave fue el de la lengua en la que se debía impartir la enseñanza. Los ingleses  respetaron la lengua autóctona, mientras que los franceses tendían a enseñar en la lengua de  la metrópoli. De todas formas, la educación se redujo siempre a una minoría y a los niveles más elementales. Los centros de enseñanza superior eran escasos.
La  fricción  entre  cultura  metropolitana  y  colonial  dio  lugar  al  llamado fenómeno de  aculturación, que es  un  conjunto de  cambios  que una cultura autóctona experimenta al entrar en contacto con otras diferentes e impuestas. En esta  situación  se  plantea  el  dualismo  entre  la  tradición  y  las  innovaciones importadas. Y frente a él, hay dos formas de reaccionar los indígenas: aceptar lo que viene de fuera y asimilar su mundo al del colonizador  (modernistas), o aferrarse a la tradición (tradicionalistas). Movimientos como el panafricanismo o “negritud” nacieron como respuesta a este dilema.

7. Evolución de las relaciones internacionales hasta 1914.
En  el  último  cuarto  del  XIX,  Bismark  se  convirtió  en  árbitro  de  las  relaciones
internacionales en Europa (hasta 1890) y ello se debe a sus cualidades personales tanto como al hecho de que Alemania tras su reunificación, se convierte en una gran potencia militar y económica.
Los principales objetivos bismarkianos fueron los siguientes:
i)          Consolidar la unificación alemana bajo la hegemonía prusiana, asimilando la unificación  y  manteniendo  la  dualidad  alemana  con  el  Imperio  Austro- Húngaro.
ii)         Pretendió aislar a su principal enemigo potencial: Francia.
iii)        Trató de encauzar los  deseos expansivos del  Imperio Ruso a través del control de los territorios en torno al mar Negro y los estrechos, evitando las posibles fricciones con el Imperio Austro-Húngaro.
iv)        Deseó a toda costa mantener el “status quo” de los Balcanes con el fin de evitar un enfrentamiento entre el Imperio austro-Húngaro y el Imperio Ruso, tratando de sofocar las nacionalidades que surgían: croatas, búlgaros, etc.
Con su pericia diplomática, retrasó la aparición de los conflictos bélicos, pero no pudo evitar la formación de dos bloques de potencias una vez dejó el poder en 1890.
7.1. El Primer Sistema Bismarkiano: Con la unificación alemana se rompe el equilibrio europeo surgido del Congreso de Viena.
El problema estaba en la descomposición del Imperio turco. Rusia y Austria tenían apetencias   territoriales  en  los  Balcanes.  Para  evitar  el  enfrentamiento,  Bismark consiguió que se firmase la Entente de los Tres Emperadores; en 1874 Italia se unió a la Entente,  con  cuyos  estados  mantenía  estrechas  relaciones  políticas  y  económicas. Francia   quedaba  aislada.   El   sistema   fue   efímero,   ya   que   estallaron   revueltas nacionalistas en los Balcanes apoyadas por Rusia. Por el Tratado de San Estéfano, se creaba la Gran Bulgaria, satélite de Rusia, con lo que se  rompía el equilibrio en los Balcanes.
La  presión británica  y Austro-Húngara, provocó la  convocatoria del  Congreso de Berlín que anuló los acuerdos de San Estéfano, humillando a Rusia, y acabando de esta manera con la Entente de los Tres Emperadores.
7.2. El Segundo Sistema Bismarkiano: La alianza germano-austriaca fue la base del segundo sistema  que inauguró 34 años de “Paz Armada”, sólo alterada por rivalidades extra-europeas. Bismark consiguió una renovación, aunque atenuada, de la Entente de los Tres Emperadores (1881) que se comprometieron a mantener el equilibrio balcánico surgido del Congreso de Berlín.
Este  segundo  sistema  culminará  con  la  firma  de  la  Triple  Alianza  (1882),  que significaba el acercamiento de Italia a la Dúplice Alianza provocada por la ocupación francesa de Túnez y por el recuerdo, aún latente, de la pérdida de Niza y Saboya.
Como continuaron las tensiones en los Balcanes, Bismark firmó el acuerdo secreto de Reaseguro con Rusia, en el que apoyaba las pretensiones rusas en los Balcanes a cambio de que Rusia permaneciese neutral en caso de un hipotético ataque francés a Alemania.

7.3. El camino hacia la guerra: Las relaciones internacionales entre potencias europeas, acabaron  por  deteriorarse  en  las  primeras  décadas  del  siglo  XX,  cuando  están  ya plenamente configurados los dos bloques que acabarán enfrentándose.
La configuración de ambos bloques se inició con el desmantelamiento de las alianzas bismarkianas en 1890. Bismark dejó la cancillería alemana y el Tratado de Reaseguro no fue renovado: Rusia se alejará del Imperio Alemán, aproximándose a Francia.
El incidente  de  Fashoda  precipitó  la  alianza  entre  Gran  Bretaña  y  Francia:  los franceses dejaban hacer a los ingleses en Sudán y Egipto, mientras recibían apoyo en su política  en  el  Norte  de  África.  La  Entente  Cordial  entre  ambas  potencias  acabó formándose en 1904, por las reticencias  británicas hacia los alemanes: guerra de los Boers, creciente poderío naval alemán.
La   Triple   Alianza   formada  por  los   imperios  alemán   y  austro-húngaro,  con participación italiana, perdió a uno de sus miembros, Italia, por la ocupación italiana de Libia, que la enfrentó al Imperio turco, y por lo tanto, con Austria. Cuando se inicie la guerra, Italia pactará con Francia.
Las crisis producidas en Marruecos y los Balcanes, acabaron consolidando ambos bloques. En Marruecos, se produce la ingerencia de los alemanes, poniendo en cuestión los intereses franceses en la zona; en los Balcanes se produjeron las últimas fricciones que llevaron a la guerra. El conflicto lo originó Italia con la ocupación de Libia, que provocó su enfrentamiento con el Imperio turco. Los  estados balcánicos formaron la liga balcánica apoyada por Rusia. La liga se enfrentó victoriosamente  con el Imperio turco primero, y con Bulgaria después. Estas victorias supusieron un triunfo para el nacionalismo eslavo  y para  Rusia, potencia que aumentó su  influencia en  el  área, mientras la perdía Austria.