lunes, 29 de agosto de 2011

Educación y creatividad

Hay ideas que por Internet corren como la pólvora. Y muchas de ellas tienen que ver de una forma directa o indirecta con la educación. Uno de los videos más difundidos cuestiona la relación entre la educación y la creatividad. Se trata de una crítica que viene escuchándose durante los últimos años: los sistemas educativos sirven a fines económicos, políticos, empresariales y laborales, y consisten en un estabulamiento de los alumnos, en su clasificación según una serie de parámetros que vienen fijados de manera independiente a las características de los alumnos y, lo que es más importante, a sus necesidades y capacidades de desarrollo personal. Por si esto fuera poco, el sistema educativo uniformiza mentalidades, crea patrones de seres humanos, inocula normas y contenidos. En fin, un desarrollo bien elaborado de aquel Another brick in the wall de Pink Floyd. Y es que visto así, ciertamente, la escuela está matando la creatividad. La cuestión es: ¿Qué es lo que no mata la escuela? O dicho de otra forma: ¿Qué esconde esta tesis tan aparentemente crítica?



Decir que la escuela mata la creatividad es casi una obviedad si tenemos en cuenta que, sin ir más lejos, el sistema educativo español tiene que acoger a cerca de ocho millones de alumnos. Aspirar a que un sistema educativo, que ha de garantizar no sólo la igualdad de oportunidades sino también la enseñanza de conocimientos indispensables, sea tan flexible como para desarrollar al máximo la creatividad de todos sus estudiantes y todas sus capacidades, es no sólo ingenuo, sino quizás también peligroso. Ingenuo porque es sencillamente imposible: los medios existentes no permiten afinar tanto con alumnos que por otro lado no hay que idealizar, porque muchas veces la creatividad viene ya muerta de casa, por lo que no es preciso que escuela alguna la mate. Peligroso porque si faltan criterios que armonicen y coordinen asignaturas, contenidos, esfuerzos y objetivos, cualquier cosa podría justificarse educativamente bajo la bandera de la sacrosanta creatividad.
Entiendo que la crítica a los sistemas educativos es uno de sus elementos fundamentales de progreso. Pero también imagino que esta escuela no-creativa, tan aburrida y uniformadora ya la querrían para sí tantos y tantos países que aún están haciendo grandes esfuerzos para alcanzar lo que otros desprecian. Eso, por supuesto, no invalida la crítica, pero no estoy muy seguro de que la creatividad sea uno de los valores fundamentales que ha de promover un sistema educativo. Puede que enseñar a ser creativo sea una contradicción en sí mismo: si te lo están enseñando te limitarás pensar desde eso que te enseñan. Soy consciente de las propuestas de pensamiento lateral y de otras iniciativas más relaciondas con habilidades artísticas y expresivas. ¿Realmente deben ocupar un lugar tan relevante en nuestro sistema? ¿O estamos tan sólo ante una ocurrencia más transformada en voz crítica que en caso de implantarse y llevarse a término contribuiría a dar más inestabilidad aún a nuestro ya frágil sistema educativo? Seguro que algún lector puede darme alguna respuesta “creativa”, aunque no fuera educado en ello…