El legado agrícola de las chinampas destaca por su eficiencia ecológica. Los canales aportaban humedad constante, regulaban la temperatura y facilitaban el transporte, mientras que los sedimentos del lago y la materia orgánica renovaban la fertilidad del suelo. La diversidad de cultivos —maíz, frijol, calabaza, hortalizas y flores— aseguraba resiliencia frente a plagas y cambios climáticos.
Hoy, las chinampas son un referente para la agroecología y la agricultura regenerativa. Su diseño inspira soluciones actuales para la producción de alimentos en zonas urbanas y periurbanas, demostrando que los saberes tradicionales pueden ofrecer respuestas eficaces y sostenibles a los desafíos alimentarios del presente y del futuro.