España, sin Revolución.
Enrique VIII y el anglicanismo; Lutero y el protestantismo; la Revolución Francesa; Garibaldi y la Unificación Italiana... Ya sea desde el absolutismo o desde el liberalismo, todos los grandes países sufren en algún momento, un acontecimiento histórico que les otorga una causa común, pero más importante aún; los reviste de dignidad, orgullo, y por ende refuerza la identidad compartida de sus habitantes. La anexión de los territorios hispánicos a la dinastía Habsburgo, lejos de gestar un "país en común", supone la integración imperial de unos reinos, que posteriormente han de sufrir el coste de la Nueva Planta borbónica, pero más allá de indagar en un pecado original, de 1808 a 1814 se produce un hecho histórico determinante, que marcará fatalmente la identidad "española" a partir de ahora. La Revolución Francesa pretende extender su conquista de derechos y sus valores, mientras el feudal y teocrático Antiguo Régimen de los territorios hispánicos, logra que sus oscur...