Lanzarote representa un escenario de contrastes que desafía la lógica productiva convencional. En una isla donde el régimen pluviométrico es crítico —con precipitaciones que rara vez superan los 150 mm anuales— y donde el suelo fue sepultado por coladas de lava y potentes mantos de ceniza, ha florecido un agrosistema único. ¿Cómo es posible que esta aridez extrema se haya transformado en un vergel capaz de producir la prestigiosa Malvasía Volcánica?
La respuesta no reside únicamente en la geología, sino en un paisaje humanizado de resiliencia extrema. A lo largo de los siglos, los "conejeros" han reinterpretado un entorno hostil para crear un modelo de sostenibilidad y creatividad técnica. El epicentro de este fenómeno es La Geria, un tapiz de hoyos y muros de piedra que simboliza el triunfo del ingenio humano sobre la vulnerabilidad hídrica.
1. El "Efecto Picón" y el triunfo sobre la sequía
El secreto de la vida en este desierto es el rofe (conocido técnicamente como lapilli o picón), la piedra volcánica fragmentaria que recubre el terreno. El sistema de "enarenado" permite cultivar en condiciones semidesérticas sin riego artificial, basándose en tres propiedades bio-físicas del rofe:
* Carácter higroscópico: Gracias a sus vacuolas, el rofe capta la humedad ambiental y el rocío nocturno, filtrando el agua condensada hacia el suelo vegetal subyacente.
* Efecto mulching y Albedo: La capa de ceniza funciona como un colchón aislante. Al ser de color oscuro, tiene un albedo muy bajo, lo que le permite absorber la radiación solar durante el día y evitar que el suelo pierda calor durante la noche, manteniendo una inercia térmica favorable para la planta.
* Prevención de la escorrentía y evaporación: La porosidad del rofe absorbe instantáneamente las lluvias torrenciales, protegiendo el suelo de la erosión y, simultáneamente, creando una barrera física que impide la evapotranspiración del agua almacenada.
"Toda esta serie de razones son las que explican en última instancia el milagro de la vida y de la agricultura, y en particular del viñedo, en la zona de La Geria gracias a la gruesa capa de lapilli."
2. La herencia de Timanfaya (1730-1736)
Lo que hoy es patrimonio mundial nació de una catástrofe telúrica. Entre 1730 y 1736, las erupciones de las Montañas del Fuego cubrieron una cuarta parte de la isla, sepultando las fértiles vegas tradicionales destinadas al cereal y las legumbres.
Sin embargo, el drama dio paso a un descubrimiento empírico: las plantas que sobrevivieron bajo el lapilli crecían con un vigor inusitado. Esta ironía histórica permitió que el fuego, tras destruir el modelo agrícola extensivo de la época, sentara las bases del enarenado (tanto natural como artificial). La necesidad de excavar hasta encontrar el suelo fértil bajo metros de rofe dio origen a la técnica de los hoyos, permitiendo la expansión masiva del viñedo, un cultivo que anteriormente era marginal y destinado solo al aguardiente.
3. La Geria como Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM 2025)
En julio de 2025, la FAO otorgó a Lanzarote el título de Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), convirtiéndola en la primera isla europea con este reconocimiento. El galardón premia la originalidad y resiliencia de tres agrosistemas fundamentales:
Sistema Agrícola Característica Técnica Cultivos Principales
La Geria Cultivo en hoyos cónicos de rofe protegidos por muros semicirculares (zocos). Vid (Malvasía Volcánica).
El Jable Uso de arenas organógenas con bardos (cortavientos de paja de centeno). Batata, Cebolla y Tomate.
Enarenados del norte Capas de rofe artificial sobre suelo fértil para atrapar el rocío. Legumbres y Frutales.
Es vital distinguir estos sistemas de los chabocos, una técnica que consiste en romper las coladas de lava (malpaís) para buscar el suelo vegetal en el fondo de grietas naturales, protegiendo así a frutales como higueras o guayabos del viento abrasador.
4. De la azada a la tumbona: La gran transformación territorial
Desde los años 70, Lanzarote ha sufrido una mutación radical en su modelo territorial. Según el estudio del periodo 1970-2004, la isla pasó de una organización funcionalista y agraria en el interior a una ocupación agresiva y dinámica del litoral sureste (Puerto del Carmen, Costa Teguise, Playa Blanca).
Este proceso de desagrarización se cuantifica con datos contundentes: en apenas tres décadas, la población se triplicó, pasando de 40.000 habitantes a más de 116.000 en 2004. El turismo impuso un modelo productivo que hoy supera la capacidad de carga recomendada, alcanzando un ratio de 1 cama turística por cada 2 residentes. Este "efecto dominó" ha provocado un trasvase masivo de mano de obra del sector primario al terciario, dejando el campo en manos de una población envejecida.
"Son muchos los problemas que tiene el sector y que afectan al territorio. Por un lado está el pago de la uva a los viticultores: se paga poco y se paga tarde."
5. Un paisaje creado (y amenazado) por el ser humano
La Geria es un "museo vivo" cuya existencia depende estrictamente de la rentabilidad de la uva. Sin bodegas no hay viticultores, y sin ellos, el avance de las arenas y el abandono destruirían este paisaje cultural en pocos años.
La figura de César Manrique fue determinante para integrar la arquitectura tradicional con el entorno volcánico, sentando las bases de un turismo de calidad. Hoy, la salvación del agro conejero pasa por el enoturismo y eventos que vinculan cultura y deporte, como la Wine Run, la Semana de los Vinos del Volcán o la Romería de la Vendimia (15 de agosto). Estas iniciativas buscan que el visitante no solo consuma sol, sino que valore el esfuerzo épico que supone cada botella de vino volcánico.
Conclusión: Hacia un futuro sostenible
Como Reserva de la Biosfera (1993) y Geoparque de la UNESCO, Lanzarote enfrenta el desafío de equilibrar su éxito turístico con la conservación de sus recursos. La sostenibilidad real exige reducir la actual dependencia energética de las desalinizadoras —alimentadas por combustibles fósiles— y recuperar la sabiduría ancestral de las infraestructuras hidráulicas tradicionales.
Debemos rehabilitar las gavias y nateros (muros transversales en barrancos para retener limos y agua), así como los aljibes y maretas para la recogida de escorrentía. Solo integrando la innovación con el respeto al saber de los últimos agricultores de la ceniza podremos asegurar que este paisaje no sea un museo con fecha de caducidad.
¿Podrá la fascinación turística por este paisaje lunar salvar a los últimos agricultores de la ceniza, o es La Geria un museo vivo con fecha de caducidad?