La permacultura propone diseñar sistemas productivos donde animales y plantas trabajan juntos, imitando el funcionamiento de los ecosistemas naturales. En lugar de separar cultivos y ganadería, se integran para que cada elemento cumpla varias funciones y los residuos de unos se conviertan en recursos para otros.
Las plantas proporcionan alimento, sombra y refugio a los animales, mientras que estos aportan abono natural, control de plagas, dispersión de semillas y manejo de la vegetación. Gallinas, patos, ovejas o cabras pueden incorporarse de forma planificada para fertilizar el suelo, reducir hierbas no deseadas y aumentar la biodiversidad sin necesidad de insumos químicos.
Esta integración se basa en la observación, el diseño consciente y la rotación, evitando el sobrepastoreo y favoreciendo la regeneración del suelo. El resultado son sistemas más eficientes, resilientes y autosuficientes, donde la producción de alimentos va de la mano del cuidado del entorno y el equilibrio ecológico.