Marzo 2023

lunes, 19 de enero de 2026

El Genio Olvidado: 5 Hazañas Increíbles de Agustín de Betancourt que la Historia no te Contó



Introducción: El Hombre que Desafió las Fronteras del Conocimiento

La historia, en su afán por la narrativa clara, a menudo simplifica a sus grandes protagonistas, encasillándolos en una única disciplina. Sin embargo, existen figuras cuya genialidad polifacética se desborda de cualquier categoría, quedando, en ocasiones, relegadas a una inmerecida sombra.

Uno de estos personajes extraordinarios fue Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824). Este ingeniero español es una figura emblemática de la Ilustración, un hombre cuya obra se extendió por España, Francia, Inglaterra y Rusia, dejando una huella imborrable en la ingeniería, la arquitectura, la docencia e incluso el arte. Su genio no residía únicamente en resolver problemas aislados, sino en su capacidad para actuar como un sistemas thinker y un mediador intelectual, conectando campos dispares en una época de profundas transformaciones políticas y tecnológicas. Fue, en esencia, un hijo de la generación de la encyclopédie, cuya curiosidad y talento no conocieron límites.

Este artículo se propone rescatar del olvido cinco facetas sorprendentes de su vida que demuestran por qué fue una de las mentes más brillantes de su tiempo y por qué su legado, forjado en el crisol de la Europa de las revoluciones, es inmensamente más vasto de lo que comúnmente se reconoce.

1. Fue un Espía Industrial al Servicio de la Corona Española

El Ingeniero que Clonó la Revolución Industrial

Más allá de sus labores académicas, Agustín de Betancourt actuó en misiones de espionaje industrial de alto nivel. En 1788, durante un viaje a Inglaterra, su objetivo era desentrañar el secreto de la máquina de vapor de doble efecto de James Watt, la invención que impulsaba la Revolución Industrial británica. Como era de esperar, Watt y su socio, Matthew Boulton, le negaron el acceso a su creación, protegiendo ferozmente su ventaja tecnológica. Sin embargo, en Londres, Betancourt consiguió observar la máquina "de soslayo", un vistazo fugaz pero suficiente para que su mente analítica comprendiera sus principios fundamentales.

El resultado fue asombroso. Apenas un año después, en 1789, Betancourt presentó en la prestigiosa Academia de Ciencias de París una memoria describiendo su propia máquina de vapor de doble efecto. No solo había clonado la tecnología, sino que la había internalizado hasta el punto de colaborar con los hermanos Périer para su construcción y comercialización en Francia.

Este episodio representa más que un acto de espionaje; fue un choque entre dos cosmovisiones emergentes. Por un lado, James Watt, el empresario que personificaba la naciente defensa capitalista de la propiedad intelectual. Por otro, Betancourt, el ingeniero y funcionario de Estado, que encarnaba el ideal ilustrado del conocimiento como un bien público destinado a ser diseminado para el progreso de la nación.

2. Revolucionó las Telecomunicaciones (e Influyó en el Arte de Goya)

El Código Secreto y la Tinta del Maestro

En Francia, junto al célebre relojero Abraham Louis Breguet, Betancourt diseñó un sistema de telegrafía óptica superior al de los hermanos Chappé, el oficial en el país. Su propuesta fue tan innovadora que un comité de la Academia de Ciencias de París, formado por sabios de la talla de Coulomb y Laplace, dictaminó a su favor. A pesar de ello, el proyecto fue rechazado por razones "chauvinistas". Pero lo que Francia descartó, España lo adoptó: entre 1799 y 1801, Betancourt implementó su telégrafo en la línea Madrid-Aranjuez, sentando las bases de las telecomunicaciones modernas en el país.

Su capacidad para conectar mundos aparentemente dispares tuvo su máxima expresión en el arte. Durante un viaje a Inglaterra, Betancourt y su colaborador Bartolomé Sureda aprendieron la novedosa técnica de grabado a la "aguatinta". A su regreso, compartieron este conocimiento con Francisco de Goya. El pintor, fascinado, utilizó magistralmente esta técnica para crear su inmortal serie Los Caprichos.

Esta conexión no es una simple anécdota, sino que revela la estructura mental de Betancourt, propia del ideal ilustrado de un campo de conocimiento unificado que pronto se fracturaría con la especialización del siglo XIX. Su mente no compartimentaba; vio un proceso químico-mecánico para esquemas industriales e intuyó de inmediato su potencial para la más alta expresión artística. Esta habilidad para actuar como mediador entre la técnica y el arte es un sello distintivo de su genio.

3. Creó una 'Pequeña Venecia' de Comercio en Plena Estepa Rusa

El Urbanista que Domó los Ríos para Construir un Imperio Comercial

En Rusia, Betancourt acometió su "gran empresa urbanística": el traslado y la reconstrucción completa de la feria comercial de Makáriev. La ubicación original, insalubre y propensa a inundaciones, era un obstáculo para el comercio. La solución de Betancourt fue genial: emplazar la nueva feria en la confluencia de los ríos Oka y Volga, cerca de Nizhni Nóvgorod. Su visión era a la vez funcional y monumental. En sus propias palabras:

"...allí podrían abrirse canales que harían de este lugar una pequeria Venecia. Estos canales deberán unirse a los dos lagos, que a su vez se juntarían con el Volga por medio de esclusas y permitirían a los buques llevar las mercancías hasta las mismas tiendas."

El impacto económico fue colosal. En su primera temporada, en 1818, la feria movió mercancías por valor de 40 millones de rublos, alcanzando ventas de casi 35 millones. Para comprender la escala de este logro, basta señalar que las ventas de la feria en su año inaugural equivalían a casi un tercio de la totalidad de los gastos anuales del Imperio ruso. Betancourt no había construido simplemente un mercado; había diseñado y ejecutado un motor económico de escala nacional sobre un terreno pantanoso.

4. Fundó una 'Silicon Valley' Multinacional de la Ingeniería en San Petersburgo

El Arquitecto de un Ecosistema de Innovación

El mayor legado de Betancourt en Rusia no fueron sus puentes o edificios, sino la creación de un ecosistema de innovación sin precedentes. Consciente de que el talento no tiene fronteras, reunió bajo su dirección un círculo multinacional: politécnicos franceses como Pierre-Dominique Bazaine, ingenieros-empresarios escoceses de gran pericia práctica como Charles Baird, e ingenieros españoles exiliados como Rafael Bauzá y los hermanos Espejo.

Betancourt orquestó conscientemente una fusión de tradiciones intelectuales: la rigurosidad teórica de la escuela francesa, personificada por Bazaine, se combinó con la pericia mecánica y empírica de la tradición británica, encarnada por Baird. Con la financiación estatal que Betancourt gestionaba, este "crisol" creó un motor de innovación único, como demostraba la retroalimentación constante entre teoría y práctica: mientras Bazaine desarrollaba la primera teoría matemática sobre el movimiento de los barcos de vapor, Baird los construía en sus fábricas.

Este crisol fue la verdadera génesis de la famosa escuela de mecánica rusa, un legado que la historia atribuyó posteriormente al matemático Mijaíl Ostrogradsky. Sin embargo, una denominación históricamente más justa, como sugiere la investigación moderna, sería "la escuela de las tres B": Betancourt, Bazaine y Baird. El impacto de este ecosistema fue tan profundo que uno de sus productos, Émile Clapeyron, fue capaz de comprender las abstractas teorías de Sadi Carnot sobre termodinámica cuando sus pares en Francia no podían, precisamente porque estaba inmerso en un entorno donde la teoría y la aplicación eran inseparables.

5. Fue el Genio Oculto tras la Catedral más Icónica de Rusia

El Maestro de Obras en la Sombra de San Isaac

La majestuosa Catedral de San Isaac en San Petersburgo se atribuye oficialmente al arquitecto francés Auguste de Montferrand. Sin embargo, la historia oculta a un protagonista sin cuyo genio la obra probablemente no habría sido posible. Betancourt dirigía el comité de construcción y, como demuestran los archivos, supervisaba personalmente los aspectos más críticos, enviando "instrucciones detalladas y precisas" sobre la cimentación en el inestable terreno pantanoso de la ciudad. El museo de la catedral todavía exhibe una maqueta del sistema de elevación de columnas, diseñado por él.

Sus cartas revelan su profundo dominio de la ingeniería de cimentaciones, analizando desde los primeros principios los desafíos del subsuelo: "He cavilado mucho sobre las causas por las que se asientan los edificios... El asiento se debe principalmente a dos causas: la falta de rigidez de la cimentación y la presión sobre la argamasa antes de su completo fraguado... soy de la opinión de eliminar por completo el emparrillado [de madera] y aproximar los pilotes... Después de aserrar los pilotes horizontalmente... se echan los cimientos directamente encima".

La prueba definitiva de su papel directivo la proporciona el propio Montferrand. En una carta al hijo de Betancourt, el arquitecto escribió con honestidad admirable:

"Sabeis, mi General, que es al Sr. de Betancourt (sic) vuestro digno padre al que Rusia deberá este templo; considerándome como un simple albañil (macon), ejecutor de sus grandes ideas sería feliz si encontraseis que he merecido la confianza que tuvo a bien acordarme".

Aunque otro nombre figure en las guías de arquitectura, el genio ingenieril que hizo posible uno de los edificios más grandiosos del mundo fue, en gran medida, el del español Agustín de Betancourt.

Un Legado Sin Fronteras

Espía industrial, innovador en telecomunicaciones, urbanista visionario, arquitecto de un ecosistema de talento y maestro de obras en la sombra. Las hazañas de Agustín de Betancourt lo confirman como un verdadero "hombre de la Ilustración", un mediador intelectual cuya curiosidad y genio sistémico no conocieron límites geográficos ni disciplinares.

Su figura es tan venerada en Rusia que, durante una visita oficial a España, el último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, pronunció unas palabras que resumen su dimensión histórica:

"Vengo a una España en la que nació el más ilustre colaborador que jamás ha tenido Rusia: Agustín de Betancourt".

Su historia nos obliga a preguntarnos: ¿cuántos otros genios universales como Betancourt esperan, en las páginas olvidadas de la historia, a que su verdadera dimensión sea finalmente reconocida?