El diseño de los bancales debe priorizar la ergonomía y el acceso. La anchura ideal suele estar entre 80 y 120 cm para poder trabajar desde los lados sin pisar el suelo, mientras que la altura varía según las necesidades, normalmente entre 20 y 40 cm. Los materiales pueden ser muy diversos: madera sin tratar, piedra, ladrillo, restos de obra o incluso tierra modelada, siempre buscando opciones duraderas y respetuosas con el entorno.
La clave del éxito de un bancal elevado está en su relleno. Se recomienda crear capas que favorezcan la vida del suelo: ramas y restos vegetales en el fondo, materia orgánica en descomposición y, en la parte superior, una mezcla de tierra fértil y compost. Cubrir el bancal con acolchado orgánico ayuda a conservar la humedad, proteger el suelo y reducir la aparición de hierbas no deseadas.
Integrados en un enfoque de agricultura ecológica o regenerativa, los bancales elevados facilitan la rotación de cultivos, mejoran la fertilidad a largo plazo y reducen el mantenimiento. Bien diseñados y cuidados, se convierten en espacios altamente productivos que respetan los ciclos naturales y hacen del huerto un sistema más eficiente y sostenible.
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