Marzo 2023

martes, 27 de enero de 2026

La Oveja que Cruzó el Atlántico y Otros 4 Secretos de la Ciencia Agrícola Canaria



Cuando pensamos en la agricultura de las Islas Canarias, la mente suele volar hacia imágenes de plataneras meciéndose al viento o el sabor inconfundible de una papa arrugada. Es una estampa familiar y reconfortante. Sin embargo, detrás de estos cultivos icónicos se esconde un universo de investigación científica, innovación tecnológica e historias que conectan el archipiélago con el resto del mundo de formas completamente inesperadas.

Instituciones como el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA) trabajan discretamente, tejiendo una red de conocimiento que sostiene y proyecta la agricultura insular. Su labor, a menudo alejada de los grandes titulares, es fundamental. Como ellos mismos explican con humildad, el verdadero impacto no siempre necesita ser espectacular:

En general en el ICIA no hacemos investigaciones muy "deslumbrantes" pero sí hacemos muchas pequeñas aportaciones que ayudan al día a día de nuestros productores.

Este artículo se sumerge en el archivo de esas "pequeñas aportaciones" para descubrir cinco historias fascinantes que demuestran cómo la ciencia agrícola en Canarias es mucho más de lo que parece a simple vista.

1. La oveja que viajó en el tiempo: un viaje de ida y vuelta de 500 años

Cuando los conquistadores españoles llegaron a las Islas Canarias en el siglo XV, no encontraron un territorio vacío. Entre la fauna doméstica de los aborígenes, que habían llegado desde la costa africana antes del 3000 a.C., destacaba una oveja única: una raza de pelo, perfectamente adaptada al entorno insular. La historia de este animal da un giro sorprendente. En 1493, durante el segundo viaje de Cristóbal Colón, estas mismas ovejas canarias fueron embarcadas rumbo a las Antillas. Este hecho, desconocido para muchos, fue crucial: los ovinos canarios formaron la base genética de muchas de las razas de ovejas de pelo que hoy pueblan el Caribe e Iberoamérica. Sin saberlo, las islas se convirtieron en la primera parada de un puente genético transatlántico.

Más de cinco siglos después, el círculo parece cerrarse con la reciente reintroducción en Canarias de la oveja de pelo "Pelibuey" desde Venezuela. Es tentador ver esto como un regreso poético de los descendientes de aquellas ovejas que partieron en las carabelas de Colón. Sin embargo, la ciencia nos obliga a ser más precisos. Los propios investigadores advierten que "...considerar la nueva aparición de ovejas de pelo en Canarias como un retorno, nos parece exagerado...". Quinientos años de evolución separada, deriva genética y selección humana y natural en continentes distintos han creado animales genéticamente diferentes. No son las mismas ovejas, pero su presencia hoy en las islas cierra una fascinante odisea histórica.

Esta increíble saga genética revela el papel de Canarias como un nodo biológico fundamental en la historia global, un trampolín que conectó la fauna de África, Europa y América. Y esta no es solo una historia del pasado; el legado de este ovino único se mantiene vivo y es preservado hoy por la Asociación de Criadores de Ovino Canario de Pelo, demostrando que la historia sigue pastando en los campos de las islas.

2. Un jardín real del siglo XVIII es hoy un centro de ciencia mundial

En 1788, una Real Orden del Rey Carlos III fundó el Jardín de Aclimatación de La Orotava (JAO). Su objetivo, propio del espíritu de la Ilustración, era ambicioso: aclimatar especies vegetales traídas de los trópicos antes de llevarlas a la península. Hoy, este espacio no solo es un Jardín Histórico declarado Bien de Interés Cultural, sino un hervidero de actividad científica. Lejos de ser un mero museo al aire libre, el JAO, adscrito al ICIA, recibió a más de 192,000 visitantes en 2014, pero su verdadero tesoro reside en sus instalaciones: una biblioteca botánica especializada, un herbario con más de 46,000 pliegos y un Banco de Germoplasma vital para la conservación.

Su relevancia trasciende las fronteras del archipiélago, como demuestra el convenio de colaboración firmado en 2014 con una de las instituciones más prestigiosas del mundo en su campo: el Fairchild Tropical Botanic Garden de Miami. Esta alianza es un testimonio de su estatus como un centro de referencia internacional.

La historia del JAO es la de una fascinante transformación. Un proyecto nacido del espíritu imperial y explorador de la Ilustración, concebido para el beneficio de la metrópoli, ha evolucionado para encontrar un propósito renovado en la era moderna. Hoy, es un nodo colaborativo global indispensable para la investigación y la conservación de la biodiversidad, un guardián del patrimonio genético planetario frente a desafíos como el cambio climático, demostrando cómo las ambiciones de una época pueden reinventarse para servir a las necesidades de un mundo nuevo.

3. La guerra contra las plagas se libra con CO2 y virus autóctonos

Todo agricultor conoce la amenaza constante de las plagas, capaces de arruinar cosechas enteras. El desafío es combatirlas de manera eficaz, segura y sostenible. En Canarias, la ciencia está liderando esta lucha con herramientas que parecen sacadas de la ciencia ficción. Para combatir la temida "polilla guatemalteca" de la papa (Tecia solanivora), que impedía la exportación, el ICIA desarrolló una solución revolucionaria. Se trata de un tratamiento poscosecha que no utiliza químicos: las papas se introducen en una cámara con una atmósfera controlada (30% de CO2) durante 10 días. El resultado es una mortalidad del insecto del 99,9968% ("Probit 9", un estándar estadístico de altísima seguridad que garantiza una mortalidad casi total del insecto), lo que permite exportar las papas sin dejar ningún tipo de residuo.

En los cultivos de platanera y tomate, la plaga Chrysodeixis chalcites causa estragos. En lugar de pesticidas convencionales, los investigadores del ICIA han desarrollado un bioinsecticida basado en un nucleopoliedrovirus autóctono (ChchSNPV). Este virus actúa como un misil biológico de alta precisión: ataca específica y exclusivamente a la plaga, siendo completamente inocuo para otras especies y para el medio ambiente.

Estos ejemplos demuestran un cambio de paradigma. La ciencia canaria se aleja de la dependencia de pesticidas químicos de amplio espectro para adoptar soluciones de alta tecnología, como la manipulación de atmósferas o la guerra biológica de precisión. Es un enfoque que protege los cultivos de forma inteligente y respetuosa, asegurando no solo la cosecha, sino también la salud del ecosistema y del consumidor.

4. El laboratorio secreto de frutas tropicales de Canarias

Aunque el plátano es el rey indiscutible, el futuro de la agricultura canaria pasa por la diversificación. Por ello, el ICIA funciona como un discreto pero potente laboratorio a cielo abierto, probando la viabilidad de decenas de nuevos cultivos que podrían transformar el paisaje agrícola de las islas. El enfoque del instituto es metódico, paciente y estratégico, como bien resume su filosofía de trabajo:

Estamos introduciendo nuevos cultivos tropicales "pasito a pasito", al tiempo que tratamos de aprovechar mejor nuestra biodiversidad...

El ICIA mantiene colecciones de germoplasma y evalúa el potencial comercial de una asombrosa variedad de frutas tropicales y subtropicales. En sus fincas experimentales se pueden encontrar cultivos como papaya, piña tropical, mango, litchi, longan, chirimoya y carambola, entre muchos otros. Cada uno es estudiado para determinar su adaptación, rendimiento y aceptación en el mercado.

Este trabajo es una apuesta estratégica por el futuro. Al buscar activamente nuevas alternativas, el ICIA no solo abre la puerta a nuevos mercados para los agricultores canarios, sino que también construye una agricultura más diversa, resiliente y preparada para los desafíos del mañana, desde el cambio climático hasta las fluctuaciones de la economía global.

5. Una red de conocimiento que conecta un archipiélago con el mundo

La investigación que se realiza en el ICIA no es un esfuerzo aislado. Al contrario, el instituto está profundamente conectado a una red de colaboración científica internacional, participando y liderando proyectos que tienen un impacto global. Un caso paradigmático es el proyecto GANAFRICA, una colaboración transnacional con Senegal que tiene como objetivo aumentar la autosuficiencia ganadera en África Occidental. En este proyecto, Canarias no solo exporta conocimiento, sino también genética. Se intercambian metodologías de investigación y se introducen genotipos de cabras canarias, famosas por su adaptación a la aridez, para mejorar la producción de leche y carne en las comunidades locales senegalesas.

La red se extiende por todo el planeta, incluyendo colaboraciones tan lejanas como la establecida con el prestigioso CSIRO de Australia para mejorar genéticamente la "tedera", una planta forrajera de gran valor para la ganadería.

Estas iniciativas demuestran que, en la ciencia, la geografía no es un límite. Desde un archipiélago en medio del Atlántico es posible liderar proyectos que contribuyen directamente a la seguridad alimentaria y al desarrollo sostenible en otros continentes. Canarias se convierte así en un exportador de soluciones, demostrando que el conocimiento generado en un entorno insular y específico puede tener un valor universal y ayudar a resolver algunos de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

La agricultura en Canarias es mucho más que un sector productivo; es un campo dinámico de innovación científica cuyo impacto resuena mucho más allá de sus costas. Desde reescribir la historia genética del ganado americano hasta diseñar las herramientas biotecnológicas del futuro, las islas demuestran ser un laboratorio natural de incalculable valor.

Las "pequeñas aportaciones" del día a día, sumadas a lo largo de décadas, son las que construyen un futuro más sostenible, diverso y resiliente para todos. Cada fruta, cada cosecha, esconde una historia de curiosidad, método y colaboración.

La próxima vez que disfrute de una papa canaria o una fruta tropical, recuerde que no solo saborea un producto, sino también siglos de historia, ciencia y una conexión inesperada con el resto del mundo.