Más allá de su origen, la Esfinge encierra un profundo simbolismo religioso y político. Representa la unión de la fuerza del león con la inteligencia humana, encarnando el poder divino del faraón como guardián del orden cósmico. A lo largo de la historia, ha sufrido enterramientos por la arena, restauraciones y mutilaciones —como la pérdida de su nariz— que han alimentado aún más su leyenda.
Hoy, la Esfinge sigue siendo un símbolo universal del misterio del pasado. Su silencio milenario invita a reflexionar sobre el conocimiento perdido, la relación entre humanidad y cosmos, y la capacidad de las civilizaciones antiguas para crear obras que desafían al tiempo. Cada nuevo estudio arqueológico no hace sino reforzar una certeza: la Esfinge aún no ha revelado todos sus secretos.