La despoblación rural es uno de los grandes retos territoriales del siglo XXI, pero también una oportunidad para repensar el modelo de desarrollo. Los modelos regenerativos —basados en la agricultura y ganadería regenerativas, la economía circular y la gestión sostenible del territorio— ofrecen alternativas reales para reactivar el medio rural y devolverle vida.
Estos enfoques no solo recuperan suelos y ecosistemas, sino que generan empleo local, fomentan el emprendimiento joven y fortalecen la soberanía alimentaria. Proyectos ligados a la producción agroecológica, la transformación local de alimentos, el turismo de naturaleza o las comunidades energéticas permiten fijar población y atraer nuevos habitantes comprometidos con el territorio.
Frenar la despoblación pasa por reconectar economía, paisaje y comunidad. Los modelos regenerativos demuestran que es posible vivir dignamente en el mundo rural, cuidando la tierra y construyendo un futuro más justo, resiliente y sostenible para las generaciones venideras.