El Misterio del Fraile y el Ajusticiado: Un Testimonio Inquisitorial en la Puebla de 1630
¿Qué llevaba a una joven de 22 años a presentarse voluntariamente ante las autoridades de la Inquisición en el México virreinal? La respuesta solía encontrarse en la presión social y religiosa tras la lectura de los Edictos de la Fe, mecanismos mediante los cuales los fieles debían denunciar cualquier hecho anómalo para "descargar su conciencia" y evitar la excomunión.
En el documento que analizamos hoy —un manuscrito de 1630 procedente del expediente 32 de la sección inquisitorial del Archivo General de la Nación— nos adentramos en un intrigante testimonio recogido en la ciudad de Puebla de los Ángeles.
La declarante es María de Artiaga, una joven mulata e hija del cantor de la Catedral angelopolitana. Su testimonio mezcla la vida cotidiana, prendas de vestir tradicionales y un macabro hallazgo en las afueras de la ciudad.
📄 Transcripción del Documento
[Puebla, 27 de marzo de 1630]
«En la ciudad de Puebla, a veinte y siete días del mes de marzo de mil y seis cientos y treinta años, ante el Señor Licenciado Pedro Gonçales de Polanco, Comisario del Santo Officio de la Inquisición y por ante mí el notario:
Pareció María de Artiaga, mulata soltera, hija de Juan de Artiaga, mulato cantor de la catedral de esta ciudad, y dijo:
Que por descargo de su conciencia y no incurrir en pena de excomunión, ya que se leyeron los edictos de la fe en la dicha catedral, dijo que estando en servicio de Luisa Mexía de la Torre, viuda, a mediodía, estando dándole de comer, llegó a su casa Juana de Herrera, mulata, su madre de esta declarante y mujer de Juan de Artiaga.
Y su madre dijo, a la dicha su ama estando presente esta declarante, cómo un fraile agustino (no sabe su nombre, pero había estado en casa de Beatriz Díaz, vecina de esta ciudad) como viniendo una noche de fuerza, antes de llegar a esta ciudad, había visto un palo con un cuarto de justiciado y sobre él un bulto. Y llegando cerca del río, un quepil [huipil] o manto de india de cotón con un faldellín de grana y un quepil [huipil] ancho de india y un caleçillo... Y preguntándole quién lo [traía / puso], no se lo quiso decir... Y que el dicho fraile la aconsejó ocultarlo y lo siguió hasta cierta gente en su casa. Y entonces supo quién podía ser [referencia a una mujer] principal.
Y esto dijo que sabe y no más. Dijo ser de edad de veinte y dos años, y que no sabía firmar. Encargósele el secreto y prometiólo.»
Firmas:
P. Gonçales Polanco (Comisario)
Ante mí: R.º de Ojeda (Notario)
🔍 Claves e Interés Histórico del Texto
La población afrodescendiente en Puebla:
El manuscrito ofrece detalles sobre la inserción social de la población mulata. Mientras María trabaja como criada en casa de una viuda acomodada, su padre, Juan de Artiaga, ostenta un oficio de notable prestigio cultural y musical: cantor de la Catedral de Puebla.
Un macabro hallazgo en el camino:
La mención a un "cuarto de justiciado" hace referencia a una práctica de la época: exhibir extremidades descuartizadas de reos ejecutados en los caminos públicos como escarmiento. Al lado del cuerpo se hallaron vestimentas indígenas tradicionales (huipiles de algodón y faldellines de grana), sugiriendo un posible ritual, encubrimiento o la implicación de personas de la élite local ("gente principal").
El funcionamiento de la delación:
María no acude a denunciar un delito propio ni una heretogía directa, sino a transmitir un rumor e información indirecta escuchada entre su madre, su patrona y un fraile agustino no identificado, impulsada únicamente por el temor a las penas espirituales proclamadas en la catedral