La Constitución de 1812: cómo España rompió con el Antiguo Régimen
En 1808, Napoleón invadió España y estalló la Guerra de la Independencia. Fernando VII quedó fuera del trono y José I Bonaparte ocupó la Corona. En ese contexto de ocupación y resistencia, las Cortes de Cádiz se reunieron desde 1810 para organizar la lucha contra el invasor y, de paso, sentar las bases de un modelo político completamente nuevo para España. El resultado, aprobado el 19 de marzo de 1812, fue la primera Constitución española.
Por qué se la conoce como La Pepa
El apodo tiene un origen curioso: se le dio ese nombre por el día de su aprobación, el 19 de marzo, festividad de San José. De ahí que se la conozca popularmente como La Pepa, un nombre mucho más cercano que el título oficial de Constitución de la Monarquía Española.
Los principios que la sustentaban
La Constitución de 1812 se construyó sobre varios pilares que, juntos, suponían una ruptura radical con el sistema anterior.
La soberanía nacional establecía que el poder residía en la nación, no exclusivamente en el rey, un giro decisivo respecto a la concepción absolutista del poder.
España seguía siendo una monarquía constitucional, pero el poder del rey quedaba limitado por la Constitución y las leyes, ya no era un poder absoluto e ilimitado.
Se estableció también una clara división de poderes: el legislativo recaía en las Cortes junto con el rey, el ejecutivo correspondía al rey y al Gobierno, y el judicial quedaba en manos de los tribunales de justicia.
Las Cortes eran unicamerales: se establecía un sistema de Cortes con una sola cámara, elegidas mediante un sistema electoral indirecto.
En cuanto a igualdad jurídica, se eliminaba la sociedad basada en privilegios estamentales y se establecía la igualdad de los ciudadanos ante la ley, algo impensable en el sistema anterior.
Se reconocían también ciertos derechos y libertades: libertad civil, propiedad y determinadas garantías jurídicas para los ciudadanos.
En materia religiosa, la Constitución mantenía la confesionalidad católica: la religión católica era declarada la única religión de la nación española.
Y en el plano territorial, se establecía una organización administrativa basada en provincias y municipios, junto con una administración más uniforme del Estado, sustituyendo el mosaico de jurisdicciones heredado del Antiguo Régimen.
Por qué fue tan importante
La Constitución de 1812 supuso un cambio profundo respecto al Antiguo Régimen. Planteaba que el poder político debía estar sometido a una Constitución, y que la nación, no el monarca, era la fuente de la soberanía. Esa idea, hoy asumida como algo natural, era entonces una auténtica revolución jurídica y política.
Una vigencia interrumpida varias veces
El recorrido de la Constitución no fue nada lineal. En 1814, Fernando VII regresó al trono, abolió la Constitución y restauró el absolutismo. Entre 1820 y 1823 volvió a estar vigente durante el Trienio Liberal, y entre 1836 y 1837 se aplicó de nuevo durante un breve periodo. Tres intentos de recuperarla que muestran hasta qué punto su espíritu seguía vivo, incluso cuando el texto llevaba años derogado.
Una idea clave para entenderla
Si hay que resumir su importancia en una secuencia, sería esta: de las Cortes de Cádiz surgieron la soberanía nacional, la división de poderes y la monarquía constitucional, y de esos tres elementos combinados nació la ruptura con el Antiguo Régimen. Ese es el hilo que conecta un texto legal de hace más de dos siglos con los principios que todavía hoy sostienen buena parte del constitucionalismo español.
¿Qué principio de la Constitución de 1812 te parece más revolucionario para la época: la soberanía nacional, la igualdad jurídica o la división de poderes? Cuéntamelo en los comentarios.