Los samuráis de Japón: armas, armaduras y el código bushidō en el Japón feudal
La palabra samurái procede de un verbo que significa servir. Al principio eran guerreros al servicio de nobles y terratenientes; con los siglos acabaron gobernando el país. Durante unos setecientos años fueron la élite militar y política de Japón, y su imagen de espadas, armaduras laqueadas y honor llevado al extremo ha sobrevivido hasta hoy. Vamos a ver cómo era su mundo, con qué luchaban, cómo se protegían y qué había de verdad detrás del famoso código bushidō.
El Japón feudal
Los primeros samuráis aparecen en el periodo Heian, entre los siglos IX y XII, cuando los grandes propietarios de provincias necesitaban guerreros propios que defendieran sus tierras. La guerra entre los clanes Taira y Minamoto terminó en 1185, y poco después Minamoto no Yoritomo obtuvo el título de shogun, comandante supremo del ejército. Nació así el shogunato de Kamakura, hacia 1192, un gobierno militar que convivía con un emperador que seguía reinando en Kioto, pero sin poder real.
A partir de ahí el esquema fue parecido al del feudalismo europeo: el shogun estaba en la cima, los señores regionales, llamados daimyō, controlaban sus territorios, y los samuráis les servían a cambio de tierras o de una paga en arroz. Tras una larga etapa de guerras civiles entre daimyō, conocida como periodo Sengoku, el país se reunificó a finales del siglo XVI con Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi. En 1603 Tokugawa Ieyasu se convirtió en shogun e inició dos siglos y medio de paz.
Esa paz cambió a los samuráis. Sin guerras que librar, muchos pasaron a trabajar como administradores, recaudadores o funcionarios de sus señores. La sociedad quedó dividida en cuatro grupos: samuráis, campesinos, artesanos y comerciantes. Los samuráis eran una pequeña minoría, en torno al cinco o seis por ciento de la población, pero eran los únicos autorizados a llevar dos espadas. Hideyoshi ya había ordenado en 1588 confiscar las armas a los campesinos para marcar esa frontera.
Armamento
Contra lo que sugiere el cine, la primera arma del samurái no fue la espada. Durante siglos fue el arco, el yumi, asimétrico y de más de dos metros de largo, que se disparaba a caballo. Antiguamente se hablaba del camino del arco y del caballo para referirse a la vida guerrera. Junto al arco aparecieron la lanza, el yari, y la naginata, una hoja curva montada sobre un asta larga.
La espada fue ganando protagonismo con el tiempo. La más antigua, el tachi, era larga, curva y se llevaba colgada del cinturón con el filo hacia abajo. Más adelante se impuso la katana, que se sujetaba en la faja con el filo hacia arriba, lo que permitía desenvainarla y golpear en un solo movimiento. Acompañada de otra espada más corta, la wakizashi, formaba el par llamado daishō, el símbolo reconocible de un samurái en la época Tokugawa.
Las hojas se forjaban con tamahagane, un acero obtenido a partir de arena de hierro, y se plegaba y martilleaba muchas veces. En el templado, la arcilla extendida sobre el filo hacía que este se enfriara de forma distinta al resto, y así se conseguía a la vez dureza en el borde y flexibilidad en el lomo. De ese proceso sale la línea ondulada visible en la hoja, el hamon.
Una novedad llegó en 1543 desde el mar: los portugueses introdujeron el arcabuz en la isla de Tanegashima. En pocas décadas los daimyō ya lo fabricaban por miles, y en la batalla de Nagashino, en 1575, los arcabuceros de Oda Nobunaga contribuyeron de forma decisiva a derrotar a una caballería famosa. La tradición guerrera del samurái tuvo que adaptarse a las armas de fuego.
Armadura
Las armaduras samuráis estaban hechas de pequeñas láminas de hierro o de cuero laqueadas, unidas con cordones de seda o de cuero. Esa construcción era flexible, ligera para su protección y resistía bien la humedad gracias a la laca. La armadura clásica de los arqueros a caballo, la ō-yoroi, era voluminosa y de formas rectangulares, pensada para protegerse de las flechas.
Con los siglos se fue haciendo más práctica. En la época Sengoku se extendió la tōsei gusoku, la armadura moderna, con placas más sólidas y mejor ajuste, pensada para resistir mejor lanzas y proyectiles. Las piezas principales eran el casco, kabuto, que a menudo llevaba cuernos, crestas o adornos para que el guerrero fuera reconocible en el combate; el peto, dō; las hombreras, sode; y la máscara facial, menpō, que además de proteger daba una expresión fiera al rostro.
El código bushidō
Bushidō significa camino del guerrero. Suele presentarse como un código escrito que los samuráis seguían desde siempre, y conviene matizarlo. El libro que más lo popularizó, Bushido: el alma de Japón, lo publicó en 1900 Nitobe Inazō, en inglés y dirigido a lectores occidentales. Su lista de siete virtudes, que incluye rectitud, valor, benevolencia, cortesía, sinceridad, honor y lealtad, es la más conocida, pero es una síntesis posterior y no un reglamento original de los samuráis.
Hay textos antiguos que recogen ideales parecidos. El más célebre es el Hagakure, recopilado a comienzos del siglo XVIII por Yamamoto Tsunetomo, un samurái retirado. Es un libro que defiende una lealtad absoluta al señor y afirma que el camino del samurái se descubre en la muerte. Esa idea se tradujo en prácticas como el seppuku, el suicidio ritual con el que un samurái podía conservar su honor al ser condenado o al fracasar.
La realidad histórica fue más diversa. Durante las guerras civiles, cambiar de señor por conveniencia era algo corriente, y las motivaciones de los guerreros mezclaban lealtad, ambición y supervivencia. El ideal de fidelidad se reforzó sobre todo en la época de paz, cuando los samuráis ya no peleaban y necesitaban una justificación moral para su posición. También se esperaba de ellos que cultivaran la caligrafía, la poesía o la ceremonia del té, lo que se resumía como el equilibrio entre la pluma y la espada.
El final de los samuráis
El mundo que sostenía a los samuráis se desmoronó con la restauración Meiji de 1868. El nuevo gobierno modernizó el país a gran velocidad, creó un ejército de reclutas, suprimió los privilegios de los antiguos guerreros y, en 1876, les prohibió llevar espadas en público. Un último levantamiento, la rebelión de Satsuma de 1877, fue aplastado por el ejército imperial.
Como clase, los samuráis desaparecieron. Su imagen, sin embargo, se quedó en la literatura, en el cine y en el imaginario de medio mundo, mezclando hechos históricos con mucha leyenda.
¿Qué le llama más la atención de los samuráis: sus armas, su armadura o su código de honor? Cuéntemelo en los comentarios.